Colonia del Sacramento
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La vieja plaza de toros
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Como decir, como expresar que me duele en lo más hondo
nombrarte, pensarte, hilar algún pensamiento con vos, mi ciudad. Me costó tanto
irme sin saberlo y me siento tan lejos, tan ajena, tan distinta, soy la única
de toda mi familia (siempre lo digo) que soy de Colonia, creo que nací ahí por
una casualidad, por un capricho de mis padres, por nuestra dictadura. Y
entonces qué decir, cómo intentar recomponer mis lazos hoy con vos, que me
siento tan lejana, tan fría, tan distante.
Ahora, ya nunca observo el atardecer
sobre el río, ahora ya nunca puedo perderme en la muralla, ahora ya no puedo
tropezarme entre tus adoquines, reírme en el barrio histórico, en el barrio
sur, donde suenan los tambores, donde las casas son viejas de verdad y yo las
conozco todas.
Como hacer para arrancarme del corazón, tus casas, tus muros,
tus piedras, tu horizonte, tu río marrón, tus atardeceres. Como acordarme sin
que me duela, de lo feliz que era cuando niña atravesando en bicicleta tus
calles complicadas, portuguesas, tus faroles, tus jardines, tu misterio todo
inabarcable.
De cómo cada tarde tenía para mí sola una multitud de escenarios
para representar todos los papeles que se me pudieran ocurrir en mi extraña e
imaginativa cabeza de niña loca. De casa en casa iba con mi madre, adentrándome
en cada rincón diferente de tu más profundo centro, espiando, haciéndolo mío,
aunque quedara intocado. Que nostalgia tan grande, imposible de nombrar.